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Mostrando entradas de marzo, 2015

LA VIDA EN TRES MALETAS

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Los seres humanos se han dividido desde muy antiguo en nómadas y sedentarios.
No cabe duda que cada uno de estos modos de vida tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Tengo amigos que nunca han salido de su ciudad natal. Crecieron junto al barrio donde fueron al colegio y prácticamente al lado de la casa de sus padres. Trabajan en negocios de la ciudad y se casaron con una chica de la cuadrilla con la que tienen hijos que van a sus mismos colegios. Tienen una identidad con la tierra, con la gente. Su arraigo es grande, son conocidos, tienen aficiones y participan en grupos sociales del lugar.
Otros en cambio, somos inquietos e intrépidos en cierta forma. Nuestros lazos son intensos pero fugaces. Nos arraigamos con dificultad, pero vamos incorporando lugares a nuestro recuerdo y a nuestro corazón. La experiencia es variopinta y el cambio continuo obliga a replantearse las cosas.

LAS MONTAÑAS SON MONTAÑAS...O NO

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Cuando miramos lo que llamamos realidad... ¡nos parece todo tan real de verdad! Nos parece que los árboles son y han sido toda la vida árboles y que son claramente distintos a los pájaros y a nosotros mismos. Todo nos parece tan absoluto, tan definido tan claro.
Por eso cuando algún fenómeno escapa de esa predicción mental que llamamos causalidad usamos palabras como milagros o fenómeno paranormal o parapsicología etc.
Esta forma de hablar es una manera de reconocer nuestra limitación conceptual y cognitiva. Vivimos en un marco de referencia en el que las montañas son montañas y punto. Nos gusta que las cosas sean algo concreto y definido de lo que podemos hablar sin confusión. Nos gusta el convencionalismo, el territorio seguro, la realidad que llamamos objetiva. Lo que se toca y se siente, se ve y se oye. Es decir, nos gusta nuestro marco de interpretación y nos da cierto pavor pensar que la realidad sea sólo eso: un algo que surge en el momento en que mi mente interpreta mis sentidos…