LA SENSACIÓN SENTIDA
C uando uno comienza a sentarse en zazén no se puede imaginar cuánto le va a enseñar la postura. Parece que dominar esa postura sin apoyos en la espalda, sentados en el suelo, con el vientre distendido y respirando de forma abdominal, los hombros relajados, la nuca estirada, el mentón ligeramente hundido. Empujando con la coronilla el cielo y con las rodillas clavadas en la tierra, será una tarea complicada e innecesaria. En el fondo seguimos pensando que meditar es concentrar la mente. Es la mente la que trabaja. ¿Qué importa una postura u otra? Nosotros somos occidentales, y en occidente el cuerpo ha sido visto, en general, como un estorbo. Un asno al que domar, un conjunto de materia densa y pesada que se apega a la tierra. Ya desde Platón, el cuerpo era la cárcel de la "psiché".