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REALIDAD DIFUSA

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H e pasado una semana de retiro. Se trata de un tiempo especialmente intenso de práctica. No es una huída, ni una búsqueda de paz y tranquilidad fuera de la realidad cotidiana. El tiempo que dedicamos a la práctica intensa de zazén, de estar simplemente sentados, sin otra cosa que hacer, que experimentar con plena conciencia el momento, el instante que surge y en el que nos entregamos plenamente. Hoy día hablamos mucho de estar en el presente y ser conscientes momento a momento etc. Es como un mantra que se repite una y otra vez en los contextos de práctica mindfulness, terapias de tercera o cuarta generación, coaching, libros de autoayuda, curso de milagros etc. Es decir, cualquier camino de desarrollo espiritual que se precie nos habla del tomar conciencia del momento presente.

LA JOYA DE LA COMPASIÓN

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La meditación es una práctica muy concreta. Detenemos nuestro ritmo de vida ordinario y permanecemos inmóviles dejando que nuestros pensamientos y razonamientos, nuestra memoria y nuestros deseos  se serenen . La práctica meditativa nos descubre la ilusión de n uestro ego. El ego se experimenta no como algo sustancial y objetivo, sino como un instrumento de nuestra mente. Es relativo, ya que su naturaleza es relacional y por ende, una dinámica de energía e información. Por medio de la meditación es posible que la conciencia se vaya desapegando poco a poco de la imagen que tenemos de nosotros mismos fijada en nuestro ego y se abra a otros niveles del ser.

PUENTES

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Jardín Albert Khan. París E n la tradición Zen hay muchas historias relacionadas con los puentes. El puente más conocido es el de Zhaozhou. El puente contiene un significado emocional y constituye un vínculo simbólico muy potente. Durante siglos los puentes han constituido el vínculo entre pueblos, han permitido explorar territorios, salvar las brechas. De ahí su contenido simbólico. En la antigua Roma, y posteriormente en el cristianismo, al sacerdote oficiante de los rituales sacrificiales se le denominaba "pontifex". Alguien a través del cual se conectan las dos caras de la realidad. En efecto, de la misma manera que cuando vemos un puente, automáticamente nos fijamos en las dos orillas. El sutra del la sabiduría del corazón prajnaparamita termina con una especie de arenga: giate giate paragate parasamgiate bodhi svaha: vamos, vamos, vamos más allá, vamos a la otra orilla, iluminación y gozo. Cuando al terminar zazén recito este texto una y otra vez, me doy cue...